lunes, 11 de diciembre de 2006

Estrella invitada IV

Buenos días a todos despues del puente.
Siguiendo la tónica de cada lunes, hoy toca seccion de estrella invitada. Esta semana es alguien con mucha fuerza, con muchas ganas de vivir, con una alegría de vivir increible, que lo transmite en cada una de sus entradas y comentarios, sin mas preambulos... MOR!!!
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Felicidad.-

Después de muchos años pensando y repensando en hacerme un tatuaje, ya había encontrado justo lo que quería y dónde lo quería. Un amigo me recomendó su tatuador. Así que allí me presenté hace cinco años, en plena calle de la Montera, en un local de varias plantas, los tipos de la puerta se me quedaron mirando, una mujer sola…

Subí andando y las escaleras estaban todas repletas de fotos de tatuajes y gente tatuada, y sinceramente hacen más bien que se te quiten las ganas, pero yo iba decidida, sabía perfectamente lo que quería, y no se parecía en nada a lo que por allí se mostraba.

Entré, y pregunté. En principio se necesitaba cita previa, pero si no tenía prisa y como lo mío era algo que no superaba en tamaño al de una cajetilla de cigarros, si me esperaba una media hora o así, había un tatuador que se quedaba libre, aunque no por el que yo había preguntado y me habían recomendado, pero a priori me daba igual. Yo quería que fuera hoy el día.

Así que me dispuse a esperar mientras ojeaba los catálogos expuestos por las mesas.

Cuando me llamaron y pasé delante del tatuador, sinceramente pocos detalles puedo dar sobre él, apenas lo recuerdo. Él llevaba consigo la fotocopia del dibujo, era en color negro, me preguntó donde lo quería y le dije que en la nuca, así que me tuve que quedar con una camiseta de tirantes que llevaba ya prevista. Me coloco el papel impregnado de un liquido que yo diría que por el olor era alcohol, cuando lo retiró me dejó un espejo para que me mirara en otro que había en el pequeño habitáculo y corroborar si ese era el sitio indicado, y mi respuesta fue afirmativa, justo eso era lo que quería y ese el sitio.

Me colocó en una silla a horcajadas y con los brazos apoyados en el respaldo y sobre ellos mi cabeza, como si estuviera en el oeste, me recogí el pelo con un par de pinzas y a continuación oí un sonido muy familiar, el mismo que se oye en la consulta del dentista. El chico ya me había estado explicando con anterioridad como lo iba a hacer, primero los bordes, luego repasar y por último rellenar, y en dos semanas un nuevo repaso por si quedan huecos; y también me había enseñado todo el material a usar, agujas estériles y de usar y tirar, todo muy higiénico.

Comienzo a sentir una especie de cosquilleo, que se convierte en algo mucho más intenso, rozando la barrera del dolor, pero es algo placentero. Una sensación que hace que no sepa asegurar si es un placer doloroso o dolorosamente placentero. Va poco a poco, entre trazo y trazo noto que pasa por la zona una gasa para limpiar y seguir nuevamente poco a poco. Me pregunta si me duele, si necesita que pare, si me mareo, y yo sigo muy quieta en la misma posición y le digo que no, que voy bien.

Esa primera sensación, esa primera vez, no ha sido nunca superada por las dos siguientes.

Al cabo de unos veinte minutos ha terminado su trabajo y me vuelve a ofrecer el espejo para que vea el resultado… fantástico, me encanta, y se lo digo, añade el chico que mi piel es agradecida y ha quedado muy negro y que al contrastar con la blancura de mi piel parece de terciopelo negro el dibujo. Para terminar unta un pomada, lo tapa y me da las instrucciones pertinentes para su cuidado en las próximas semanas.

Salí de allí con un subidón de adrenalina parecido al que provoca un orgasmo. Y sabía que volvería.

De este modo hice de ese mi primer tatuaje un amuleto, por el lugar y el significado. La nuca, uno de mis sitios más erógenos y su significado: “energía positiva” en simbología china. Después de salir de la tremenda depresión que provocó mi divorcio, ahora estaba segura que no perdería nunca la energía que me motivaría para seguir adelante en la vida.

Meses después vendría el segundo, igual sitio y simbología, pero esta vez fue “la buena fortuna”, aquella que me acompañó un 22 de febrero de 2002 cuando tuve un espectacular y aparatoso accidente de tráfico entrando a Madrid por la carretera de Barcelona a la altura del Motel Avión, y del que milagrosamente salí viva, y prácticamente ilesa, tan “solo” una vértebra rota.

Un año después llegaría el del tobillo, una bonita inicial, la de mi nombre, enredada en unas flores moradas (mi color favorito), dibujo original del tatuador, que supo muy bien captar la idea que yo le di.

Y ahora llevo meses dándole vueltas al cuarto tatuaje… la idea la he encontrado, y el lugar también. Creo que discurrirá por donde los dos primeros, empezando a deslizarse por la espalda, guiándose por la columna, y será el símbolo chino de la felicidad.

3 comentarios:

Xtebra dijo...

Una bonita historia.
Yo llevo meses dandole vueltas a donde y como, aunque el que lo tengo claro. El kanji (simbolo japones) del agua (supuestamente soy de caracter agua y alguna cosilla mas).

Necio Hutopo dijo...

Yo tengo uno... EN un homóplato; "No Pasaran"

Hablamos de otras cosas, aca
http://hutoyuyos.blogspot.com/

Xtebra dijo...

Hombre, yo tambien había pensado en un "made in galicia" en el jamon, o un codigo de barras en salva sea la parte donde la espalda pierde su casto nombre.